Al estallar la revolución del 25 de Mayo de 1810, era ya Lu- zuriaga comandante de artillerÃa, y contribuyó no poco al buen éxito del movimiento. Según Vicuña Mackenna, la elegancia y exquisitos modales de Luzuriaga influyeron mucho en el adelanto de su carrera.
Preguntó el nombre de pila de mi madre y al oÃrlo soltó una risa extraña, de la que luego se disculpó diciendo que se debÃa a sus modales americanos y que, además, él era un tipo bastante raro.
Ya habrá conocido el lector, siendo tan perspicaz como yo le imagino, que mi amigo Braulio está muy lejos de pertenecer a lo que se llama gran mundo y sociedad de buen tono; pero no es tampoco un hombre de la clase inferior, puesto que es un empleado de los de segundo orden, que reúne entre su sueldo y su hacienda cuarenta mil reales de renta, que tiene una cintita atada al ojal y una crucecita a la sombra de la solapa; que es persona, en fin, cuya clase, familia y comodidades de ninguna manera se oponen a que tuviese una educación más escogida y
modales más suaves e insinuantes.
Mariano José de Larra
en persona, con los ojos encendidos y toda fuera de sÃ, se precipita en la habitación. -¡Don Fernando! A su voz salió uno de los prestamistas, caballero de no mala figura y de muy galantes
modales. -¡Señora!
Mariano José de Larra
El espÃritu es filosofÃa natural. :Los modales son rincones caracterÃsticos. : De aquello que quieren los modernos se debe aprender en qué ha de convertirse la poesÃa; de aquello que hacen los antiguos, qué tiene que ser.
-Pos sÃ, señor, yo soy er que te llama pa platicar contigo de la mar de cosas y pa peÃrte un favor que yo te voy a peir con mis requetegüenÃsimos modales.
No daba li- mosnas de amor. Su figura, acento y modales eran llenos de distinción. Pa- recÃa una princesa austriaca, y no una mujer de humilde origen.
3.° El Guardia Civil por su compostura, aseo, circunspección, buenos modales y reconocida honradez, ha de ser siempre un dechado de moralidad.
dijo jamás quiénes fue- ron sus padres; que rehuÃa hablar de su linaje y familia; que, en sus treinta y cuatro años de residencia en México, nimca escribió cartas á sus deudos de España; y que, en la distin- ción y cultura de sus modales, se revelaba el hombre de es- clarecida alcurnia.â Mi patria es el cielo y mi padre es Diosâ fué la respuesta que diera en una ocasión, para satisfacer la impertinente curiosidad de un magnate.
Agregaré solamente una observación: la de que, si un habitante de cualquier remota comarca, procurase formarse una idea de las costumbres europeas sobre el estado de las conciencias entre nosotros, sobre la perfección de nuestras artes, sobre la decencia de nuestros espectáculos, sobre la cortesÃa de nuestros modales, sobre la afabilidad de nuestros discursos, sobre nuestras perpetuas demostraciones de benevolencia y sobre ese concurso tumultuoso de hombres de toda edad y estado, que parecen afanados, desde el romper del alba hasta que el sol declina, a obligarse recÃprocamente, ese extranjero, digo, descubrirÃa exactamente en nuestras costumbres lo contrario de lo que ellas son.
¿Cómo, pues, habÃa podido exponerle, y en semejante lenguaje, cantidad de cosas que no hubiera dicho antes tan bien?, era habitualmente tÃmido y guardaba esa reserva que participa a la vez del pudor y del disimulo. La gente de Yonville apreciaba la corrección de sus modales.
Jamás ningún hombre le habÃa parecido tan guapo. Sus modales desprendÃan un exquisito candor. Bajaba sus largas pestañas finas que se encontraban.