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Ceres (mitología)

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Diosa Ceres sedente. Siglo I d. C., Museo Nacional de Arte Romano de Mérida (España).
Fuente de Ceres en el Jardín del Parterre de Aranjuez.
Ceres en una representación medieval

En la mitología romana, Ceres (en latín: Cĕres)[1] era la diosa de la agricultura, las mieses, la tierra y especialmente relacionada con los alimentos.[2][3] Su equivalente en la mitología griega era Deméter.[4] De ella recibe su nombre el «cereal».[5] Es uno de los dioses Consentes[4] y uno de los dioses elegidos (di selecti) de Varrón.[6] En Roma su culto estaba presidido por el flamen Cerealis.[7] Forma parte de la Tríada aventina.[8] Estudios modernos dicen que Ceres proviene de la raíz protoindoeuropea ker, esto es, «crecer, crear».[9]

Mitología

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Ceres en busca de su hija Proserpina. Grabado de Johann Blaschke, 1786.

Familia

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Ceres era hija de Saturno y Ops, y hermana de Juno, Vesta, Neptuno, Plutón y Júpiter.[10] Fue la primera en descubir el trigo en Sicilia.[11] Plinio comenta que Ceres descubrió «el trigo, ya que antes se alimentaban de bellotas, y también el molerlo y el trabajarlo, en el Ática y, según otros, en Sicilia, por eso fue considerada diosa».[12] Algunos creen que la constelación de Virgo representa a Ceres con una espiga.[13] Los hijos de Ceres fueron Líber y Líbera.[14] Otros dicen que Ceres era otro nombre de la Tierra, y que esta se enfureció por el desprecio de Saturno hacia ella y Tántalo, y más tarde contra Júpiter, pero también por expulsar a todos los dioses en su venganza.[15] Plutón pidió a Júpiter que le diera en matrimonio a Proserpina, hija de Ceres y Júpiter. Plutón se presentó en una cuadriga y la raptó. Después Ceres consiguió de Júpiter que la mitad del año la pasara con ella y la otra mitad con Plutón.[16] Servio dice que Mecón fue un joven ateniense al que Ceres amó; tras su muerte fue transformado en amapola (μήκων, mḗkōn), de donde procede que esta flor sea considerada sagrada para Ceres.[17]

En Boccaccio

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Ceres, hija de Saturno y Ops, era la diosa de los cereales y la agricultura. Encarna la fertilidad agrícola y la enseñanza de la civilización, mientras que Proserpina representa la producción de frutos y el ciclo anual de las cosechas, y la historia de su rapto explica simbólicamente la alternancia de abundancia y escasez en la tierra. Según la tradición, Proserpina fue concebida con Júpiter, pero fue raptada por Plutón. Ceres, desesperada, buscó a su hija encendiendo antorchas y llorando, hasta que finalmente descubrió su paradero gracias a la ninfa Aretusa. Júpiter intervino para negociar que Proserpina pasara seis meses del año con Plutón en el inframundo y seis meses con Ceres en la tierra, explicando simbólicamente el ciclo de las estaciones y la abundancia de las cosechas.[18]

Ceres también aparece como inventora de la agricultura: enseñó a los humanos a cultivar la tierra, usar arados, sembrar y recolectar, y estableció leyes para la vida en comunidad. Se la asocia con la tierra y sus frutos, y su hija Proserpina representa la vegetación que crece y madura con el calor y la disposición del cielo. Los granos de granada que comió Proserpina simbolizan los principios vegetativos que permiten que las semillas germinen y se desarrollen.[18]

En otro episodio Boccaccio dice que Ceres era la tercera hija de Caelus (‘Cielo’) y Vesta (‘Tierra’), siguiendo la tradición de Lactancio. Ceres concibe un hijo sin unión masculina y, por pudor y temor ante Saturno y los Titanes, se refugia en una cueva secreta en Creta. Allí da a luz a Aqueronte, que evita la luz del sol porque simboliza el dolor y la ausencia de alegría. Es por ello que el río se convirtió en infernal, porque los lugares oscuros y subterráneos simbolizan la pena y el sufrimiento.[19]

En las Fábulas de Higino

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A las Sirenas, hijas de Aqueloo, por no haber prestado auxilio a Proserpina, fueron transformadas en aves por voluntad de Ceres.[20] Incluso Ceres, con el permiso de las Parcas, fue al inframundo en busca de su hija.[21] Se dice que Ceres amó a Yasión, hijo de Corito,[22] y que incluso se lamentó cuando este se comenzó a cubrir de canas.[23] Júpiter, indignado porque Yasión se había atrevido a acostarse con su hermana, lo fulminó con un rayo. Hijos de Ceres y Yasión fueron Filomelo y Pluto.[24]

Ceres enseñó a su pupilo Triptólemo a domar los bueyes, y a sembrar las semillas. Habiéndolas sembrado este, una cerda desenterró lo que había sembrado. Tomó la cerda y la llevó al altar de Ceres y, depositados unos granos de trigo sobre su cabeza, la inmoló a la misma Ceres. Así se descubrió por primera vez la forma de poner harina salada sobre las víctimas.[25] Linco acogió en hospedaje a Triptólemo, enviado por Ceres. Pero como intentó matarlo Ceres, airada, lo metamorfoseó en lince.[26]

Cuando Pélope fue troceado por Tántalo y servido en un banquete de dioses, Ceres se comió uno de sus brazos. Habiéndosele ensamblado los demás miembros tal como habían estado, Ceres ajustó en el lugar del hombro mortal, uno de marfil.[27] Ceres castigó a Tríopas, rey de Tesalia. Este, al tratar de techar su propia casa, derribó el templo de Ceres, construido por los hombres de antaño. La diosa lo maldijo con un hambre perpetua.[28]

Era también la patrona de Enna (Sicilia). Según la leyenda, rogó a Júpiter que Sicilia fuese ubicada en los cielos. El resultado, debido a que la isla tiene forma triangular, fue la constelación Triangulum, uno de cuyos nombre antiguos fue «Sicilia».[29] Los habitantes de Sicilia, vecinos del volcán Etna, conmemoraban anualmente la salida de Ceres a sus largos viajes corriendo por la noche con antorchas encendidas y dando grandes gritos.

Cultos, templos y representaciones de Ceres

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Adjuntos de Ceres

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En el antiguo sacrum cereale, un sacerdote invocaba a Ceres junto con doce dioses asistentes menores especializados para asegurarse la ayuda y protección divinas en cada etapa del ciclo del grano, comenzando poco antes de la Feriae Sementivae. Estos eran, a saber: Vervactor (‘el que ara’), Reparātor (‘el que prepara la tierra’), Imporcǐtor (‘el que ara con surco ancho’), Insitor (‘el que planta semillas’), Obarātor (‘el que traza la primera arada’), Occātor (‘el que trabaja la tierra’), Serritor (‘el que excava’), Subruncinator (‘el que escarda’), Mĕssor (‘el que lo cosecha’), Convector (‘el que transporta lo cosechado’), Conditor (‘el que lo almacena’) y Promitor (‘el que lo distribuye’).[30]

Cultos y festividades

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Ceres era honrada mediante cultos públicos y privados desde la temprana República. Su principal festividad eran las Cerealias o Ludi Ceriales, instituidos en el siglo III a. C. y celebrados del 12 al 19 de abril. Durante estas ceremonias se ofrecían sacrificios de cerdos, cerdas, jabalinas y carneros, y se utilizaban guirnaldas de mirto o narciso, aunque se evitaban otras flores por su relación con el mito de Proserpina; la amapola estaba permitida por su crecimiento entre el trigo y su simbolismo de fertilidad.[31]

Las fiestas de la Ambarvalia, celebrada en mayo, era otro rito dedicado a Ceres, en el que las romanas ejecutaban procesiones secretas con vestimenta masculina, mientras los hombres eran meros espectadores. Estas festividades buscaban la purificación de los campos y la fertilidad de la tierra y no se celebraban en años de luto o desastre, como ocurrió en el año de la batalla de Cannas.[32] En tiempos de escasez o crisis, los romanos consultaban los libros sibilinos, que indicaban la necesidad de aplacar a Ceres mediante rituales y construcción de templos, prometiendo en voto anual ofrendas y sacrificios si la tierra volvía a producir.[33]

Templos

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El templo principal de Ceres en Roma se situaba en el monte Aventino, construido con fondos provenientes de botines de guerra tras votos realizados por magistrados como Aulo Postumio en conflictos contra los volscos.[34] El templo estaba dedicado conjuntamente a Líber y Libera, reflejando la vinculación entre diosas de la agricultura y la fecundidad. La ubicación del templo lo situaba en un lugar central y estratégico, con acceso a procesiones y festividades públicas, integrando la religión griega adaptada al contexto romano. Tras la victoria, el Senado supervisaba la construcción y dedicación del templo.[35]

Misterios y tutela

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Ceres también estaba vinculada a los misterios inspirados en los eleusinos griegos, adaptados a la religión romana. Estos cultos se dividían en pequeños y grandes misterios, en los que los primeros servían de preparación para los segundos. Los iniciados se consideraban bajo la protección de Ceres, y debían cumplir normas rituales estrictas, como la prohibición de transportarse en carro al templo. La celebración duraba nueve días y los tribunales se suspendían temporalmente durante los ritos.[36]

Representaciones iconográficas

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Ceres se representa como una mujer majestuosa, vestida con túnica larga y velo, con atributos agrícolas y de fertilidad. Pudía ser representada con la corona de espigas o diadema alta. Un haz de espigas en la mano derecha y antorcha en la izquierda, vinculada al mito de Proserpina. La cornucopia simbolizaba la abundancia y provisión. Las amapolas estaban ligadas al trigo y a la fertilidad de la tierra. En esculturas romanas, como en el Museo Nacional de Arte Romano (Mérida) o el Miho Museum, aparece a veces acompañada por pequeños niños con cuernos de la abundancia, reforzando su papel de protectora del género humano.[37]

Véase también

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Notas

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  1. En italiano: Cerere; en griego: Κέρες
  2. Cicerón: De natura deorum II, 23
  3. Agustín de Hipona: La ciudad de Dios IV, 11
  4. 1 2 Ennio, fragmento 45 = Varrón, De re rustica, I.I.4.
  5. Esta etimología se documenta en Varrón, De lingua latina (Libro V, 98) y en Plinio el Viejo, Historia natural (XVIII, 20), que relacionan a Ceres con los cultivos de ‘cereales’, el sustento humano y la fertilidad de la tierra.
  6. Varrón, citado en Agustín de Hipona, De civitate Dei VII, 7
  7. Varrón: De lengua Latina, VII, 45
  8. Tito Livio: Ab urbe condita II, 32–33
  9. Spaeth, Barbette Stanley (1996). The Roman goddess Ceres (en inglés). University of Texas Press. p. 1. ISBN 9780292776937.
  10. Higino: Fábulas, prefacio 13
  11. Higino: Fábulas, 274
  12. Plinio: Historia natural, VII, 191
  13. De Astronomica II, 25
  14. Cicerón: De natura deorum II, 24
  15. Primer Mitógrafo Vaticano, 11
  16. Higino: Fábulas, 166
  17. Servio: Comentario a Bucólicas 2, 47
  18. 1 2 Boccaccio: Genealogia deorum gentilium, VIII, 4
  19. Boccaccio: Genealogia deorum gentilium III, 4
  20. Higino: Fábulas, 141
  21. Higino: Fábulas, 251
  22. Higino, Fábulas, 270
  23. Ovidio: Las metamorfosis IX, 422
  24. De Astronomica II, 4
  25. Higino: Fábulas 277
  26. Higino: Fábulas, 259; Servio: sobre la Eneida de Virgilio, I, 323
  27. Higino: Fábulas, 83
  28. De Astronomica II, 14 (el Serpentario)
  29. Allen, Richard Hinckley (1963). Nombres de las estrellas: su tradición y significado (Reimpresión). Nueva York: Dover Publications Inc. pp. 414-15. ISBN 0-486-21079-0.
  30. Servio: Sobre las Geórgicas de Virgilio, I, 21.
  31. Dionisio de Halicarnaso: Antigüedades romanas, VI, 17; Tácito: Anales II, 49, 1
  32. H. Le Bonniec, Le culte de Cérès à Rome, París, 1958
  33. Dionisio de Halicarnaso: Antigüedades romanas, VI, 17; Cicerón: Pro Balbo, 55
  34. Dionisio de Halicarnaso: Antigüedades romanas, VI, 17; VI, 94
  35. Tácito: Anales II 49, 1
  36. Carcopino, Aspects mystiques de la Rome païenne, pp. 25‑28; Burkert, Greek Religion, 1985, pp. 242‑247
  37. En monedas republicanas y esculturas imperiales, los atributos clásicos de Ceres se mantienen: corona de espigas, haz de cereal, antorcha y atuendo largo, subrayando su vínculo con la agricultura y la vida cívica (Art Institute of Chicago, denarios c. 63–81 a. C.).

Fuentes

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Enlaces externos

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  • Ceres, en el Proyecto Perseus.